PresérvaLE

Muchos varones desean ser padres, pero no en este momento. Por ello, en la actualidad, cada vez son más los que recurren a la llamada preservación de la paternidad, mediante una sencilla técnica de criopreservación o congelación de semen. Se trata de un procedimiento fiable, moderno y 100 % seguro cuya tasa de supervivencia de los espermatozoides es muy alta.

Preservación de tu paternidad: paso a paso

  • Muestra de semen. El procedimiento se inicia a partir de una muestra de semen, producto, por lo general, de una masturbación. El único requisito es que hayan transcurrido tres o cuatro días de abstinencia sexual.
  • Análisis del semen. Mediante un riguroso trabajo de laboratorio (semiograma), se determina si la muestra posee la calidad y cantidad necesarias para ser congelada.
  • Criopreservación propiamente dicha. Si la muestra se considera viable, se coloca en pajuelas que son selladas herméticamente mediante ultrasonidos (con el objetivo de evitar su contaminación). Luego, se somete el material a un proceso de enfriamiento gradual, hasta alcanzar los -195,8 ºC. Se congela con vapores de nitrógeno líquido, en un medio llamado crioprotector, lo que garantiza la funcionalidad de los espermatozoides (capacidad fecundante), una vez que sean descongelados. Las muestras crioconservadas, debidamente identificadas, se conservan indefinidamente, hasta ser requeridas, y sin que se produzcan deterioros ni daños.

¿En qué casos podemos recurrir a la criopreservación?

  • Preservación de la paternidad. Cuando el varón sabe que quiere ser padre, pero no desea serlo ahora, ya que no tiene pareja, por ejemplo. Las causas, realmente, son múltiples y complejas. En la actualidad, la criopreservación o el congelamiento de semen permite postergar la decisión de ser padre y conservar material biológico propio de una edad joven y saludable.
  • Antes de realizarse una vasectomía. De esta manera, si, en el futuro, la persona cambiase de opinión y decidiese ser padre, no tendría que recurrir a otra cirugía en pos de restablecer los conductos deferentes (la llamada vasovasostomía), que, no logra, en todos los casos, una recuperación total de la fertilidad.
  • Previamente a atravesar un tratamiento oncológico (quimioterapia o radioterapia). Se debe a que, en muchos casos, este tipo de tratamientos cruentos termina afectando a la producción de espermatozoides, que puede llegar a convertirse en una seria causa de esterilidad masculina. De esta forma, queda garantizada la posibilidad de tener descendencia, una vez superada la patología oncológica.
  • Antes de iniciar un ciclo de reproducción asistida. Sí, efectivamente, antes de proceder al inicio de ciclos de fecundación in vitro (FIV), inseminación artificial (IA) o donación de óvulos, pues garantiza que ya vamos a disponer de una muestra de semen, en caso de ser necesaria, en algún momento del proceso. Genera calma y permite afrentar los imprevistos.
  • Antes de someterse a una cirugía de testículo o próstata. Este tipo de intervenciones quirúrgicas podría producir esterilidad masculina, como secuela permanente.
  • Cuando se padece de oligospermia y, asimismo, de azoospermia. Esto es: semen con poca cantidad de espermatozoides y ausencia total de espermatozoides en el semen, respectivamente. Ambas situaciones dificultan severamente las posibilidades de poder embarazar a una mujer por vías naturales.
  • En casos de hombres que llevan a cabo tareas laborales de alto riesgo. Estas podrían afectar a su capacidad reproductiva. Ejemplo: labores que incluyan la manipulación de materiales de alta toxicidad.

En resumen, cada día es más común acudir a este tipo de alternativas, con el fin de planear una paternidad orientada al futuro inmediato (o no). Buscamos la garantía de que el material biológico a utilizar queda preservado y conservado, como un seguro de salud. Nunca sabemos cuándo podemos llegar a necesitarlo.